Tienes la sensación de estar desbordado por la existencia? ¿Paralizado por compromisos que ya no te satisfacen? ¿Dominado por complejos de culpa o inseguridad? No proyectes tu insatisfacción en otros: la causa está en ti. En las zonas erróneas de tu personalidad que te bloquean y te impiden realizarte. (de otro estúpido libro de autoayuda)
Si algo caracteriza las soluciones "éticas" en el capitalismo desarrollado, es el enfoque subjetivo que se presenta ante cualquier tipo de problema. No es casual cuando las soluciones psicológicas y aun antropológicas constituyen incluso la característica fundamental de la economía ortodoxa. En efecto, desde este punto de vista, la economía se resume en la célebre fórmula de Robbins:
the science which studies human behavior as a relationship between ends and scarce means which have alternative uses
Ciencia del comportamiento, ciencia de la conducta del "ser humano", por tanto una ciencia con más pretensiones de acercarse a la ciencia natural que a la ciencia social (cayendo inevitablemente en la falacia ideológica de naturalizar las relaciones sociales). La economía ortodoxa ignora, en definitiva, la cuestión de las relaciones sociales entre los sujetos de la producción, es decir, la cuestión de las relaciones sociales de producción.
No hablaremos aquí de economía, hablamos de algo bastante más light: la cuestión de las "éticas", de las ideologías referidas a los modos de conducta en un sentido tanto descriptivo como puramente normativo. La cuestión, como en cualquier análisis de una formación ideológica, está por supuesto en ver la conexión existente entre el enfoque práctico subjetivista-individualista, propio de cierta conducta típica de depredadores sociales que estamos acostumbrados a observar, y las relaciones sociales de producción que se reproducen de este modo.
Sin extendernos demasiado: el enfoque ético de las autoayudas, se caracteriza por la naturalización de las relaciones sociales de producción. Pero resulta que (¡sorpresa!) es lo mismo que lleva a cabo la economía ortodoxa. Ambas son en definitiva más próximas a la ideología que a la ciencia. Tanto más cuanto que intentan asimilar, pseudocientíficamente, el concepto de ley natural a un campo en el que lo que rigen son leyes sociales, leyes de la sociedad y no de la naturaleza (esta asimilación da lugar a abstracciones impertinentes que remiten al cabo a la supuesta "naturaleza humana" sin tener en cuenta la historicidad de las relaciones sociales). La función principal de estas ideologías no es otra que la reproducción de las relaciones de producción.
Corolario "ético": para ser "buena gente", para evitar acabar como un depredador social (o como un obediente esclavo de la explotación), convendría tener en cuenta más bien el modo en que nuestras prácticas reproducen o transforman aquellas relaciones de producción. En otras palabras, ya que el ser humano es un animal ideológico y reflexionará inevitablemente sobre su conducta, convendría promover que en su búsqueda se apartase de las autoayudas, atentas únicamente al bienestar propio y a la autocontemplación solipsista como medio para obtener este bienestar. Porque en su papel puramente reproductivo de las relaciones de producción (que bajo el capitalismo, son relaciones de explotación), la solución de las autoayudas, el egoísmo individualista, nos aboca a ser depredadores o esclavos.
Por supuesto que en la vida nos cruzaremos, es cosa cada vez más frecuente, con gente que siga ese tipo de comportamientos. Sin embargo, qué importa si podemos oponerles a su infatuadas convicciones, la realidad objetiva del papel que están desempeñando dentro de la sociedad. Si ante su conducta, podemos serenamente explicársela y decirles exactamente lo que son, engranajes perfectamente sumisos de la maquinaria social. Si de este modo, podemos ponerlos contra las cuerdas y obligarles a elegir entre seguir consintiendo con el statu quo convirtiéndose de ese modo en depredadores o (viene a ser lo mismo) esclavos... u oponerse a y con ello comprometerse con la única forma posible de libertad.
Ninguna conducta individualista, ninguna conducta solipsista ni egoísta, conduce jamás a la libertad. La libertad propia, pasa por la transformación de las relaciones sociales; es en definitiva, una empresa de liberación colectiva.





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