viernes, 29 de febrero de 2008

Ni bien ni mal


"Al lugar que te dije hemos llegado
donde verás las gentes dolorosas
que sin el bien del alma se han quedado".

Tomó mi mano, y con sus animosas
miradas y su voz me conforté
y él me introdujo en las secretas cosas.

Llantos, suspiros y ayes escuché
resonando en el aire sin estrellas
y por eso a llorar allí empecé.

(...)

Yo, que de horror sentíame embargado,
dije: "Maestro, ¿cuál es este ruido?
¿Qué gente, qué dolor la ha golpeado?"

Y él a mí: "De las almas que han vivido
de modo que ni el bien ni el mal hicieron
brota este triste y mísero alarido.

Con la compaña, aquí, se confundieron
de ángeles ni rebeldes ni leales
a Dios: que de sí mismos sólo fueron.

Ciérranseles las puertas celestiales
y el infierno, pues gloria habrían dado,
aunque poca, a las almas criminales".


(Dante, Divina Comedia, Canto III)

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