
Acabo de enterarme del rumor sobre el bodorrio, y la verdad es que no me puedo resistir a rajar de la vida personal de Sarko, alias Napoleón IV. Ahora es cuando me pregunto si no se habría divorciado de Maria Luisa de Austria para casarse con Josefina.
La noticia, aquí.
Tal como está esto, solamente me queda concluir con una exclamación: ¡vuelva de Gaulle!




3 comentarios:
Es que ahora está de moda que los mandatarios salgan con chicas jóvenes y guapas, incluso el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al parecer ha enamorado con sus eructos a la belleza de ébano, Naomi Campbell. Bueno,...
En El País del domingo 20 de enero, hay un artículo sobre las intenciones del nuevo Napoleón (tan enano como el original) de reducir la laicidad de la República. Eso sí que me jode, y esta vez no es envidia, puesto que la Bruni adolece de tetas.
Sí, aquí está:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Nicolas/Sarkozy/Dios/elpepuint/20080120elpepiint_5/Tes
"En la transmisión de los valores y en el aprendizaje de la diferencia entre el bien y el mal, el instructor no podrá nunca reemplazar al sacerdote o al pastor". Eso dice Sarko. Pues estoy de acuerdo: puestos a distinguir el bien del mal, ver cómo el sacerdote mete mano a los monaguillos le aclara a uno las ideas.
Otra perla del mismo discurso de Sarko en Roma: "Un hombre que cree es un hombre que espera. Y el interés de la República es que haya muchos hombres y mujeres que esperen". Se puede decir más alto, pero no más claro. A esperar. No especifica qué, naturalmente: eso no importa.
Pero "Believe in God" sigue siendo un magnífico reclamo comercial.
Creo que la religión es algo difícilmente extinguible, y que seguramente los pueblos seguirán forjando sus mitos y sus dioses, per multos annos. Está bien, no me importa: podemos vivir con ello. Pero decir lo que este tipo está diciendo... es pura basura.
Por cierto, esto no es más que el modelo neo-con: dado que el neoliberalismo atomiza la sociedad, y una sociedad atomizada no puede funcionar, es preciso inculcar algún tipo de creencias mistico-religiosas por las cuales el personal no acabe devorándose mutuamente.
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