martes, 29 de enero de 2008

"Hay que soñar" (resic)

Y si realmente lográsemos que todos o una gran mayoría de los comités, grupos y círculos locales emprendiesen activamente la labor común, en un futuro no lejano estaríamos en condiciones de publicar un semanario que se difundiese regularmente en decenas de millares de ejemplares por toda Rusia. Este periódico sería una partícula de un enorme fuelle de fragua que avivase cada chispa de la lucha de clases y de la indignación del pueblo, convirtiéndola en un gran incendio. En torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy pequeña aún, pero regular y común en el pleno sentido de la palabra, se concentraría sistemáticamente y se instruiría el ejército permanente de luchadores probados. No tardaríamos en ver subir por los andamios de este edificio común de organización y destacarse de entre nuestros revolucionarios a los Zheliábov socialdemócratas; de entre nuestros obreros, a los Bebel rusos, que se pondrían a la cabeza del ejército movilizado y levantarían a todo el pueblo para acabar con la ignominia y la maldición de Rusia.

¡En esto es en lo que hay que soñar!

"¡Hay que soñar!" He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el "Congreso de unificación" frente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se pone en pie el camarada Martínov y se encara a mí con tono amenazador: "Permítame que les pregunte: ¿tiene aún la redacción autónoma derecho a soñar sin consultar antes a los comités del partido?" Tras él se yergue el camarada Krichevski (profundizando filosóficamente al camarada Martínov, quien hace mucho tiempo había profundizado ya al camarada Plejánov) y prosigue en tono más amenazador aún: "Yo voy más lejos, si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se plantea tareas realizables, que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas, las cuales crecen con el partido".

Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras me dan escalofríos y miro dónde podría esconderme. Intentaré hacerlo tras Písarev.

"Hay disparidades y disparidades –escribía Písarev a propósito de la existente entre los sueños y la realidad–. Mis sueños pueden adelantarse al curso natural de los acontecimientos o bien desviarse hacia donde el curso natural de los acontecimientos no pueden llegar jamás. En el primer caso, los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador… En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Todo lo contrario. Si el hombre estuviese privado por completo de la capacidad de soñar así, si no pudiese adelantarse alguna que otra vez y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que empieza a perfilarse por su mano, no podría figurarme de ningún modo qué móviles lo obligarían a emprender y llevar a cabo vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica… La disparidad entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que el soñador crea seriamente en un sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje a conciencia por que se cumplan sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien".

Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por desgracia, son rarísimos en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los representantes de la crítica legal y del "seguidismo" ilegal que presumen de su sensatez, de su "proximidad" a lo "concreto".

(Lenin, Qué hacer, V, b).

1 comentario:

Luis dijo...

(Es que me parece un fragmento simpatiquísimo. Los iniciados ya lo conocerán, pero lo cuelgo para los demás. El tercer párrafo me encanta, es muy divertido: esa imagen casi surrealista de los sesudos "marxistas" ortodoxos discutiendo sobre el derecho a "soñar"...)

Por cierto, a veces deberíamos recordar una cosa importante: cómo la filosofía ha sido siempre una especie de solución "a la tremenda", una especie de búsqueda de las falsas profundidades prometidas... mientras que simplemente era la política la que debía enseñarnos a a vivir. "Enseñarnos a vivir" es otra frase que también me ha asustado. Pero por muchas tonterías que digan ciertos sociólogos liberales al respecto, no se puede entender las prácticas de los individuos sin tener en cuenta la compleja red de relaciones colectivas que se interponen entre ellos y que los transforman.