viernes, 14 de marzo de 2008

Contingencia (El azar y la necesidad, de J. Monod)


«Diciendo que los seres vivos, en cuanto clase, no son previsibles a partir de los primeros principios, no pretendo en ningún modo sugerir que no son explicables según esos principios, que los trascienden de algún modo, y que otros principios, sólo aplicables a ellos, deban ser invocados. La biosfera es, en mi opinión, imprevisible en el mismo grado que lo es la configuración particular de los átomos que constituyen ese guijarro que tengo en mi mano. Nadie reprocharía a una teoría universal el no afirmar y prever la existencia de esta configuración particular de átomos; nos basta que este objeto actual, único y real, sea compatible con la teoría. Este objeto no tiene, según la teoría, el deber de existir, mas tiene el derecho.

Esto nos basta tratándose de un guijarro, pero no si se trata de nosotros mismos. Nosotros nos queremos necesarios, inevitables, ordenados desde siempre. Todas las religiones, casi todas las filosofías, incluso una parte de la ciencia, atestiguan el incansable, heroico esfuerzo de la humanidad negando desesperadamente su propia contingencia.»

(J. Monod, El azar y la necesidad. Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna. Barcelona: Tusquets, 2000, pp. 49-50.)

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