
«Para permanecer libre es preciso estar constantemente en guardia contra quienes gobiernan: nada más fácil que perder a quien no desconfía; y el exceso de seguridad de los pueblos es, siempre, la antesala de su servidumbre.
»Pero como una atención continuada sobre los asuntos públicos está fuera del alcance de la multitud, demasiado ocupada, por otra parte, en sus propios problemas, es preciso que existan en el Estado hombres que mantengan sin cesar sus ojos abiertos sobre el gabinete, que sigan los pasos del gobierno, que desvelen sus ambiciosos proyectos, que hagan sonar la alarma cuando se acerque la tormenta, que despierten de su sueño a la nación, que descubran el abismo que se está abriendo bajo sus pies y que se apresuren a señalar sobre quién debe recaer la indignación popular. Es decir que la mayor desgracia que puede caer sobre un Estado libre, donde el príncipe sea poderoso y emprendedor, es que no existan discusiones públicas, ni efervescencias, ni partidos. Todo está perdido cuando al pueblo se le enfría la sangre y, sin preocuparse por la defensa de sus derechos, ya no toma parte en los asuntos públicos: en vez de contemplar a la libertad surgiendo sin cesar de los fuegos de la sedición.»
(J. P. Marat, Textos escogidos. Barcelona: Labor, 1973, p. 85)
Hoy cuelgo unos fragmentos de la película de Peter Brook sobre el célebre Marat/Sade, de Peter Weiss. Sade, preso en el "asilo para alienados" de Charenton, obtiene el permiso de la institución para representar sus obras, empleando como actores a otros reclusos. La obra de Weiss parte de este dato, para figurar una representación de la muerte de Marat donde se cruzan el libertino ilustrado y el agitador revolucionario, todo ello sobre un telón de fondo que es el de los "alienados", el de los "locos" que representan la función desde su propia e inestable arbitrariedad. Que naturalmente, es la arbitrariedad de las masas populares (esa masa de "enfermos mentales"), la arbitrariedad de los hombres libres que luchan contra sus cadenas.
Ya lo sabrán ustedes, pero recientemente se ha vuelto a representar en España, por parte de la compañía Animalario. En una versión audaz que sin embargo, un poco como el propio texto, pecaba de efectismo y por tanto no lograba articular un discurso político más allá de la expresión ideológica de su protesta, teñida de apelaciones voluntaristas que pese a su fuerza emotiva no llegaban a calar en el entendimiento de un público más proclive a dejarse llevar por la estética de la situación.
(Lo que no me acaba de gustar, porque no me cuadra, es oír a Sade y a Marat dialogando en inglés. Pero en fin, eso son manías de un afrancesado...)




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