
Leído ayer, transcribo (los destacados son míos). Se trata de un fragmento de una carta de Engels relacionada con las intrigas cuasi-palaciegas que desencadenó el enfrentamiento con los de Bakunin en el seno de la Internacional:
Bakunin tiene una teoría original, que es una mezcolanza de proudhonismo y comunismo. Por cierto, el punto básico de su proudhonismo es la idea de que el mal más grave, con el que hay que acabar, no es el capital, no es, por tanto, el antagonismo de clase que el desarrollo social crea entre los capitalistas y los obreros asalariados, sino el Estado. Mientras la gran masa de obreros socialdemócratas comparte nuestro punto de vista de que el poder del Estado no es más que una organización adoptada por las clases dominantes --los terratenientes y los capitalistas-- para proteger sus privilegios sociales, Bakunin afirma que el Estado es el creador del capital, que el capitalista posee su capital únicamente por obra y gracia del Estado. Y puesto que el Estado es, por tanto, el mal principal, hay que acabar ante todo con él, y entonces el capital hincará el pico por sí solo. Nosotros, en cambio, sostenemos lo contrario: acabar con el capital, que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos, y el Estado se derrumbará por sí solo. La diferencia entre los dos puntos de vista es fundamental: la abolición del Estado sin una revolución social previa es un absurdo; la abolición del capital es precisamente la revolución social e implica un cambio en todo el modo de producción. Pero como para Bakunin el Estado representa el mal principal, no se debe hacer nada que pueda mantener la existencia del Estado, tanto si es una república, como una monarquía o cualquier otra forma de Estado. De aquí, la necesidad de abstenerse por completo de toda política. Cualquier acto político, sobre todo la participación en las elecciones, es una traición a los principios. Hay que hacer propaganda, desacreditar al Estado, organizarse; y cuando se haya conquistado a t o d o s los obreros, es decir, a la mayoría, se liquidan los organismos estatales, se suprime el Estado y se le sustituye por la organización de la Internacional. Este gran acto, que marca el comienzo del reino milenario, se llama liquidación social. Todo suena a algo muy radical, y es tan sencillo que puede ser aprendido de memoria en cinco minutos. He aquí la razón de que la teoría bakuninista haya encontrado tan pronto una acogida favorable en Italia y en España entre los jóvenes abogados, doctores y otros doctrinarios. Pero las masas obreras jamás aceptarán la idea de que los asuntos públicos de sus respectivos países no son a la vez sus propios asuntos; los obreros son políticos activos por naturaleza, y quien les proponga abandonar la política se verá, tarde o temprano, abandonado por ellos. Predicar a los obreros la abstención política en todas las circunstancias equivale a ponerlos en manos de los curas o de los republicanos burgueses.
Esta se la ofrezco a ciertos abstencionistas "de izquierda", que defienden puritanamente la abstención de participar en la vida política. Sois anarquistas, y desde luego no sois marxistas (suponiendo que eso os importe). [Añadido a 10:30] Por suerte, no os hacen caso. Pero, ay, qué sobrerrepresentados estáis, junto con otros "enemigos del Estado" con quienes acabáis haciendo causa común.
Hay que ser intolerantes con los errores conceptuales, que luego se pagan caro en lo político. El Estado, las elecciones, la política no son un enemigo a batir. No existe el "sistema" donde toda participación se trueca en colaboracionismo; existe tan sólo una serie de formas institucionales que han venido surgiendo al mismo tiempo que el desarrollo del modo de producción capitalista. Que estas formas institucionales ("públicas" o "privadas", ahí da lo mismo) hayan sido utilizadas para consolidar el dominio de una clase sobre otra, es simplemente una cuestión de hecho que hemos de asumir, con vistas a invertir esa relación de fuerzas. ¿Se invierte esa relación rehusando a participar en la "vida política"? ¿No son acaso las elecciones, hoy día, uno de los pocos reductos que nos quedan para una participación activa de la población en esos asuntos públicos? ¿Ganaríamos más "conciencia de clase" llamando a la abstención? ¿Se transformaría realmente "el sistema" si alguna vez sucediese (cosa que no va a suceder, pues como decía Engels antes se pondrán en manos de los curas o de los republicanos) que el voto mayoritario de un país fuese por ejemplo la abstención (y en concreto aquella abstención "activa" o militante)? ¿Y en qué sentido se transformaría? Ya basta, señores, de fanteasear ensueños. ¿Qué ha sido de aquella izquierda de vanguardia, que siempre iba un paso por delante denunciando los engaños de los de arriba, y la complacencia de los de abajo; que ante todo, sabía siempre qué era lo que se jugaba y se negaba a hacer concesiones a sus deseos cuando ello iba en detrimento de un saber efectivo de la realidad de los hechos? Esa es la izquierda que queremos ser.
Aquí hay una sutil relación de fuerzas, que apenas comprendemos, y que no se soluciona por fingir golpes sobre la mesa. Golpes que al final, por supuesto, nunca se acaban dando; pues es cosa sabida que a menudo la pusilanimidad y la pereza se disfrazan de radicalismo voluntarista. Actuemos, eso nunca está de más. Repartámonos las tareas, cada cual donde sea capaz de dar lo mejor, y pongámonos a ello. Cada cual a lo que sepa hacer mejor, pero eso sí, siempre avanzando. Regla de oro: sea cual sea el campo en el que, por nuestra propia formación, seamos capaces de desenvolvernos mejor, es nuestra responsabilidad que seamos capaces de discernir dentro de ese campo las verdaderas oportunidades de una intervención eficaz. Si lo hacemos así, estemos donde estemos, siempre estaremos avanzando.
Hay que ser intolerantes con los errores conceptuales, que luego se pagan caro en lo político. El Estado, las elecciones, la política no son un enemigo a batir. No existe el "sistema" donde toda participación se trueca en colaboracionismo; existe tan sólo una serie de formas institucionales que han venido surgiendo al mismo tiempo que el desarrollo del modo de producción capitalista. Que estas formas institucionales ("públicas" o "privadas", ahí da lo mismo) hayan sido utilizadas para consolidar el dominio de una clase sobre otra, es simplemente una cuestión de hecho que hemos de asumir, con vistas a invertir esa relación de fuerzas. ¿Se invierte esa relación rehusando a participar en la "vida política"? ¿No son acaso las elecciones, hoy día, uno de los pocos reductos que nos quedan para una participación activa de la población en esos asuntos públicos? ¿Ganaríamos más "conciencia de clase" llamando a la abstención? ¿Se transformaría realmente "el sistema" si alguna vez sucediese (cosa que no va a suceder, pues como decía Engels antes se pondrán en manos de los curas o de los republicanos) que el voto mayoritario de un país fuese por ejemplo la abstención (y en concreto aquella abstención "activa" o militante)? ¿Y en qué sentido se transformaría? Ya basta, señores, de fanteasear ensueños. ¿Qué ha sido de aquella izquierda de vanguardia, que siempre iba un paso por delante denunciando los engaños de los de arriba, y la complacencia de los de abajo; que ante todo, sabía siempre qué era lo que se jugaba y se negaba a hacer concesiones a sus deseos cuando ello iba en detrimento de un saber efectivo de la realidad de los hechos? Esa es la izquierda que queremos ser.
Aquí hay una sutil relación de fuerzas, que apenas comprendemos, y que no se soluciona por fingir golpes sobre la mesa. Golpes que al final, por supuesto, nunca se acaban dando; pues es cosa sabida que a menudo la pusilanimidad y la pereza se disfrazan de radicalismo voluntarista. Actuemos, eso nunca está de más. Repartámonos las tareas, cada cual donde sea capaz de dar lo mejor, y pongámonos a ello. Cada cual a lo que sepa hacer mejor, pero eso sí, siempre avanzando. Regla de oro: sea cual sea el campo en el que, por nuestra propia formación, seamos capaces de desenvolvernos mejor, es nuestra responsabilidad que seamos capaces de discernir dentro de ese campo las verdaderas oportunidades de una intervención eficaz. Si lo hacemos así, estemos donde estemos, siempre estaremos avanzando.
Posdata sobre la coyuntura política: ¿ha tocado techo la derecha furibunda? ¿Es este su límite, una dulce derrota a pesar de su hipermovilización, que no ha conseguido imponerse sobre una izquerda tibia y desmovilizada? ¿Esta derrota dulce, será utilizada como legitimación de la línea seguida por los dirigentes actuales del partido de la derecha? ¿O se reconocerá que seguir con esta crispación movilizadora de su línea dura, exige un esfuerzo dificil de sostener? ¿Pero pueden, acaso, cambiar su orientación?




4 comentarios:
No puede ser más claro ni más oportuno.
Pues acabo de hacer un par de adiciones bastante explícitas...
Por cierto, para el anecdotario, anoto esta perla de don Pedro Ramírez entrevistado por sí mismo (bueno por algún respetuoso becario u otro mandado) en su propio peridódico:
"-¿Cree Vd. que valdrá de algo la presencia de Rosa Díez en el Congreso? Saludos.
"-No me cabe duda de que su voz se escuchará con claridad en los grandes debates en los que estén en juego la unidad de España y los valores constitucionales. Lo ideal es que el grupo popular tendiera puentes hacia ella y que la renovación del PP permitiera que en el futuro terminara mediante algún tipo de coalición en sus listas. De momento en EL MUNDO estamos muy satisfechos de haber contribuido a su elección pidiendo en solitario el voto para ella."
(http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2008/03/2947/)
O sea, que a la Díez le están ya ofreciendo pagos por el buen trabajo realizado en Madrid. Me alegra ver que aún existen los buenos caballeros como los de antes, los que saben ser amigos de sus amigos.
Además, la auto-entrevista (con fecha de 10 de marzo) concluye con esta coletilla:
"El resultado de ayer ha sido decepcionante para muchos de nuestros lectores e internautas, pero es el fruto del juego democrático. Zapatero tiene por delante cuatro años erizados de problemas y por lo que hemos visto en la pasada legislatura será muy difícil que de la talla para hacerles frente. En ese sentido "se tiene bien merecido" tener que gobernar un pais con inflación y paro crecientes, con órdagos secesionistas en marcha y una banda terrorista convencida de que la coacción le servirá para volver a negociar. El se lo tiene merecido porque ha contribuido a crear este estado de cosas, pero España no. Por eso EL MUNDO ejercerá con más compromiso y denuedo que nunca su papel de control y crítica del poder. Mañana es 11-M y el aniversario debe servir para recordar a las víctimas y también para subrayar que gran parte de la verdad sigue aun oculta. Nunca como ahora ha sido tan importante que la prensa independiente cumpla con su función social. Les prometo que sabremos estar a la altura de lo que este momento exige."
O sea, que Zapatero "se tiene merecido" que ETA siga matando. Eso dice el texto, ¿no? Muy bien, muy bien. Aparte de las dudas sobre la autoría del atentado de hace hoy exactamente cuatro años. Deliciosas estas declaraciones. Muy oportunas. Gran periódico.
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