
"No hay más que una sustancia en el universo, en el hombre, en el animal. El organillo es de madera, el hombre es de carne. El canario es de carne, el músico de carne diferentemente organizada; pero uno y otro son de la misma procedencia, de la misma formación, tienen las mismas funciones y el mismo fin". D'Alembert: "¿Y cómo se establece el acorde de los sonidos entre vuestros dos clavicordios?" Diderot: "...El instrumento sensible o animal ha comprobado en la experiencia que, al emitir tal sonido, se producía determinado efecto fuera de él, que otros instrumentos sensibles parecidos a él u otros animales semejantes se acercaban, se alejaban, pedían, ofrecían, le hacían daño, le acariciaban, y esos efectos se han asociado en su memoria y en la de los otros con la formación de dichos sonidos; y notad que no hay en las relaciones entre los hombres más que sonidos y acciones. Y para dar a mi sistema toda su fuerza, fijaos además que está sujeto a la misma dificultad insuperable que ha propuesto Berkeley contra la existencia de los cuerpos. Ha habido un momento de delirio, en que el clavicordio sensible ha llegado a pensar que era el único clavicordio que había en el mundo y que toda la armonía del universo se producía en él".
Denis Diderot, "Conversación entre D'Alembert y Diderot", citado en V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo. (Lo he copiado de aquí porque no tengo el texto de Diderot en español, y también porque MyE sigue siendo un gran libro, y una excelente lectura en voz alta de los eternos problemas de la filosofía... que dicho de paso, no son los mismos que la propia filosofía llama sus "grandes problemas")





1 comentario:
Releo y anoto:
La filosofía universitaria no puede, pues, tolerar a Lenin (ni a Marx tampoco) por dos razones, que son una sola y única razón. Por una parte no puede soportar la idea de tener algo que aprender de la política y de un político. Y por otra parte no puede soportar la idea de que la filosofía pueda ser objeto de una teoría; es decir de un conocimiento objetivo.
Que sea por añadidura un político como Lenin, un “ingenuo” y un autodidacta en filosofía, quien tenga la audacia de sostener la idea de que una teoría de la filosofía es esencial para una práctica verdaderamente consciente y responsable de la filosofía, es evidentemente pasarse de la raya.
La filosofía, universitaria u otra, tampoco se equivoca en este caso: si resiste tan vio lentamente ante este encuentro de apariencia accidental en que un simple hombre político le propone algo para empezar a conocer lo que es la filosofía, es que este encuentro da en el blanco, en el punto de mayor sensibilidad, en el punto de lo intolerable, en el punto de lo reprimido, cuya filosofía tradicionalmente no es sino el rumiar; muy precisamente en el punto en que, para conocerse en su teoría, la filosofía debe reconocer que es sólo política investida en cierta forma, política continuada en cierta forma, política rumiada en cierta forma.
(L. Althusser, "Lenin y la filosofía". México: Era, 1975, pp. 22-23)
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