
Llevamos bastante tiempo oyendo hablar de crisis y más crisis. Ante la saturación de des-informaciones que nos proveen los medios (es un viejo truco), uno está tentado de parafrasear aquella célebre sentencia leninista: "¿crisis para qué, crisis para quién?" En estas circunstancias, no nos vendría de más un reencuentro con las viejas teorías económicas de la crisis, punto de partida para una reflexión más profunda acerca de las tendencias del capitalismo (incluso parece pertiente recuperar hoy, cuando la línea de la "izquierda" no es otra que la de acudir en rescate del capital contra unas crisis que él mismo produce, el viejo debate entre ortodoxos y revisionistas en los años previos a la I Guerra Mundial: Kautsky, Bernstein, Tugan, etcétera). De momento y sin más pretensiones, retomamos una lectura clásica de Marx
Pero bajo cualquier circunstancia el equilibrio se establecería por inactivación e incluso por aniquilación de capital en mayor o menor medida. Esto se extendería en parte a la sustancia material del capital; es decir que una parte de los medios de producción, capital fijo y circulante, no funcionaría, no operaría como capital; se paralizaría una parte de las empresas productivas iniciadas. Si bien, en este aspecto, el tiempo ataca y deteriora todos los medios de producción (con excepción del suelo), en este caso se verificaría como consecuencia de la paralización funcional, una destrucción real mucho más intensa de medios de producción. Sin embargo, el efecto principal en este aspecto sería que esos medios de producción dejasen de actuar como medios de producción; una destrucción más breve o más prolongada de su función en cuanto medios de producción.La destrucción principal y con el carácter más agudo tendría lugar con relación al capital, en tanto posee atributos de valor, con relación a los valores de capital. La parte del valor de capital que sólo se encuentra en la forma de asignación es sobre futuras participaciones en el plusvalor, en la ganancia de hecho como meros títulos de deuda sobre la producción bajo diversas formas , resulta desvalorizada de inmediato con la disminución de las entradas sobre las cuales está calculada. Una parte del oro y de la plata acuñados se halla inactiva, no funciona como capital. Una parte de las mercancías que se encuentran en el mercado sólo puede llevar a cabo su proceso de circulación y reproducción en virtud de que sus precios se contraenenormemente, es decir por desvalorización del capital que representa. De la misma manera, los elementos del capital fijo resultan más o menos desvalorizados. A ello se suma que determinadas relaciones presupuestas de precios condicionan el proceso de reproducción, y que en virtud de ello este proceso, a causa de la baja general de los precios, entra en un estado de paralización y desequilibrio. Esta perturbación y estancamiento paralizan la función del dinero como medio de pago función dada simultáneamente con el desarrollo del capital y basada en aquellas relaciones presupuestas de precios interrumpen en cien puntos la cadena de las obligaciones de pago en determinados plazos, resultan intensificados aun por el consiguiente colapso del sistema crediticio desarrollado al mismo tiempo que el capital, y conducen de esta manera a violentas y agudas crisis, súbitas desvalorizaciones forzadas y un estancamiento y perturbación reales del proceso de reproducción, y con ello a una mengua efectiva de la reproducción. Pero al mismo tiempo habrían entrado en juego otras fuerzas impulsoras. La paralización de la producción habría dejado inactiva una parte de la clase obrera, y con ella habría colocado a la parte ocupada en situaciones en las cuales tendría que tolerar una rebaja de su salario, incluso por debajo del término medio, operación ésta que para el capital tiene exactamente el mismo efecto que si se hubiese aumentado el plusvalor relativo o absoluto manteniéndose el salario medio. La era de prosperidad habría favorecido los matrimonios entre obreros y disminuido la proporción en que se diezma su descendencia, circunstancias que, por mucho que puedan implicar un aumento real de la población, no suponen en cambio un aumento de la población realmente trabajadora, aunque en la relación entre lo obreros y el capital actúan exactamente como si hubiese aumentado el número de los obreros efectivamente en funciones. Por su parte, la baja de precios y la lucha de la competencia hubiesen dado a todos los capitalistas un incentivo para hacer descender el valor individual de su producto global por debajo de su valor general mediante la utilización de nuevas maquinas, de nuevos métodos perfeccionados de trabajo, de nuevas combinaciones, es decir para acrecentar la fuerza productiva de una cantidad de trabajo dada, hacer disminuir la relación entre el capital variable y el constante, y con ello liberar obreros, en suma, para crear una sobrepoblación artificial. Además, la desvalorización de los elementos del capital constante sería, de por sí, un elemento que implicaría la elevación de la tasa de ganancia. La masa del capital constante empleado habría aumentado con respecto al variable, pero el valor de dicha masa podría haber disminuido. El estancamiento verificado en la producción habría preparado una ulterior ampliación de la misma, dentro de los límites capitalistas.Y de este modo se recorrería nuevamente el círculo vicioso. Una parte del capital desvalorizada por paralización funcional, recuperaría su antiguo valor. Por lo demás se recorrería nuevamente el mismo círculo vicioso con condiciones de producción ampliadas, con un mercado expandido y con una fuerza productiva acrecentada.(K. Marx, El capital, Libro III, cap. 15, aquí)
La crisis económica es la solución para los males de la acumulación capitalista. A un periodo continuado de acumulación, sigue una demanda de fuerza de trabajo que, al reducir el tamaño de la "población excedente relativa" o "ejército industrial de reserva", conduce a un ascenso de los salarios. Dicho ascenso, conlleva un descenso de la tasa de ganancia la cual inhibe la inversión y por tanto la acumulación. El capital se desvaloriza, comienza de este modo la crisis la cual deprecia el valor de los medios de producción. La crisis y la depresión arroja grandes cantidades de asalariados a la reserva. Esta depreciación generalizada, supone ahora un incentivo para la acumulación, por cuanto que hace crecer la tasa de ganancia. De este modo, vuelve a cerrarse el ciclo.
Por supuesto que esta constituye solamente una parte del análisis en la que estarían de acuerdo tanto Marx como una buena parte de teóricos ortodoxos que en ningún momento contemplan que la crisis pueda ir a más, es decir, que pueda conducir a una transformación del modo de producción. Y aquí entra el debate con los revisionistas de la II Internacional: estos, partiendo de un análisis de la supuesta "teoría del derrumbe" de Marx, oponían la existencia de toda clase de tendencias que contrarrestarían las crisis y que (¡tout va bien!, pongámonos manos a la obra de reformar "humanitariamente" el estado de cosas existente) asegurarían la persistencia del capitalismo. Si la "teoría del derrumbe" se sigue de la anarquía del capital, basta con llevar a cabo un ajuste planificador para que éste pueda persistir ad aeternum (esta convicción la comparten tanto los menos tibios entre nuestros generalmente tibios "socialdemócratas", como todos aquellos que creen haber encontrado la piedra filosofal para el capitalismo en la fórmula china). Si la "teoría del derrumbe" se basa en la teoría del subconsumo (llega un momento en que el capital produce bienes de consumo que exceden la demanda), el ascenso progresivo de los salarios gracias a la intervención del Estado y de los sindicatos, debería garantizar el equilibrio entre oferta y demanda. Ahora bien, hay un problema con esto: la contradicción, importantísima, que existe en el modo de producción capitalista entre valor de uso y valor de cambio. El modo de producción capitalista no produce valores de uso, sino valor de cambio: esta producción constante de valor de cambio, en la lucha del capital por incrementar la tasa de ganancia, conlleva esencialmente un exceso de la producción por encima de la demanda de bienes de consumo. En otras palabras: la teoría del subconsumo es secundaria respecto de la categorización del modo de producción capitalista como un modo de superproducción. Sin embargo, la superproducción es una causa directa de crisis, la cual constituye el mecanismo por el cual se recobra el equilibrio: la crisis y el estancamiento son momentos esenciales a través de los cuales se mueve la acumulación capitalista. Quienes esperan del capitalismo un futuro de enriquecimiento de las clases trabajadoras, quienes observan el aumento de la capacidad de consumo de éstas como parte de un proceso indefinido... no ven la crisis que se está prefigurando más allá de sus narices y sueñan despiertos.
Esta entrada apresurada y más o menos torpe, es producto de una reciente lectura de verano: Teoría del desarrollo capitalista, de Paul M. Sweezy, una exposición excelente de la teoría de Marx, sazonada con la contribución del propio autor sobre la tendencia al estancamiento del capitalismo y sus causas contrarrestantes. Texto de 1942, lo cual no es baladí.




No hay comentarios:
Publicar un comentario