
No hace mucho se ha reeditado la Poesía Completa de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), que convenientemente y legítimamente promocionada ha constituido una llamada de atención sobre la complejidad de facetas de un autor más conocido popularmente por sus carvalhos y por las periódicas intervenciones periodísticas que llevó a cabo en medios como El país.
Hablamos de una poesía reconocida, si bien escasamente conocida. Algunos de sus poemas fueron recogidos en aquella celebérrima antología de Castellet, Nueve Novísimos, si bien la inclusión de MVM en aquella confusión epocal de barroquismo pop, linguisticismo y culturalismo no se producía sin roces evidentes. Entiéndase bien el carácter de ciertos "novísimos" como Pere Gimferrer, que condensaban una paradójica reacción de la alta cultura de los años setenta la cual, precisamente en el momento de politización de aquella España gris y colonizada por los intereses geopolíticos de los EEUU en plena Guerra Fría, decidía apartarse del realismo social de los años cincuenta y sesenta, de Blas de Otero o Gabriel Celaya, y abrevar en caladeros subculturales y en la llamada cultura de masas (fundamentalmente importada de la cultura estadounidense).
Como buen intelectual atento a la "semanticidad", Vázquez Montalbán siempre estuvo atento a las peculiaridades de la cultura llamada de masas. Su obra plantea una dialéctica identitaria constante entre "lo español" (Reyes Católicos como símbolo par excellence del centralismo del Régimen), la cultura catalana y dentro de ésta la figura ambigua del charnego, o la gastronomía como brutal desafío estomacal contra la invasión de los burgers. Junto a esto, se encuentra la preocupación identitaria del hombre de izquierdas (MVM militaba en el mítico PSUC) enfrentado a las contradicciones del marxismo, al estalinismo, a la represión de Praga (véase su libro de poemas del mismo título), o terciando insolentemente en los debates internos del PCE haciendo asesinar "en efigie" a su Secretario General (véase el libro de la serie de Carvalho, Asesinato en el Comité Central).
Dentro de toda esta dialéctica, es donde se entiende el modo en que al igual que los "novísimos", MVM asume elementos de cultura popular que se han convertido definitivamente en parte de la identidad colectiva de toda una generación. Sin embargo, a diferencia de un Gimferrer, o de los yuppies postmodernos en que la intelectualidad de izquierdas se fue convirtiendo (MVM es una figura relevante en la resistencia de izquierdas a la moda post-), él no se refugia abstractamente en todas estas referencias: MVM trata dichos elementos en su contexto, tal como puede observarse en sus trabajos de circunstancias o en análisis periodísticos con cierto fondo (en este sentido, su libro "La penetración americana en España" es todo un ejercicio de autoconciencia crítica). La cultura de masas forma parte del presente y de la propia biografía, pero su tratamiento no puede por más que lo quisiera excluir la obsesiva memoria de un pasado gris y de una guerra de cuyo naufragio procedemos y que sea como sea (en la amenaza nuclear o en Vietnam, o en Praga) se reproduce constantemente ante nuestros ojos como "la obscena repetición del fracaso":PARA QUÉ CONTEMPLAR
el repetido error del olvido
o la inútil precaución del recuerdo
los supervivientes merecenbogar por sus deseosinciertas naves antiguo tu naufragiomirón mirón que mirasla obscena repetición del fracaso
En general, la preocupación por lo identitario es central como explica MVM en una entrevista:
"A veces en ese ejercicio es inevitable recuperar señas de identidad subculturales, en este caso culturales, y hacer un acto de sinceración contigo mismo, en el sentido de reconocer que de hecho perteneces a Is primera promoción sociocultural que le debe tanto a la cultura noble como a la innoble, que a ti te ha formado tanto Antonio Machín como lo que luego has estudiado en la universidad, o Conchita Piquer, o las novelas de a duro de tiros, o las películas de Gary Cooper, y que son las dos unívocas, y que eso te ha creado una manera de leer, una manera de ver, un sistema de transmisión de emociones. Este volumen de formación cultural que has recibido pero que en una etapa de tu vida incluso has rechazado como un producto malévolo de la conspiración del franquismo en la cultura de masas y la condición de las clases, llega un momento en que descubres que forma parte de tu identidad cultural. Al tener la distancia de la crítica literaria se ve que aquello era subliteratura en gran parte, pero reconoces que de hecho ha influido y forma parte de tus propias señas de identidad cultural." (http://www.vespito.net/mvm/entr3.html)
MVM se encuentra de ese modo dentro de lo que es un inevitable proceso de colonización cultural (desde la II República España fue incapaz de llevar a cabo aporaciones propias ni en lo tecnológico ni en lo cultural: prácticamente todo le venía importado) , pero que no observa en ningún momento como una neutra "modernización" sino como resultado de un proceso histórico.
Por esa razón, por su conciencia del trasfondo ideológico sobre el cual construye su obra literaria (y periodística), MVM es un testigo privilegiado de las contradicciones y dilemas a los que se enfrentó una generación en una España en tránsito. MVM formaba parte de esa media España que como cantara Raimon por aquél entonces, venía del silencio; y que a base de referencias prestadas y de una memoria histórica consecuente intentó abrirse paso con desiguales resultados y frecuentes decepciones. Hablando de cantautores, lo interesante del caso es cómo MVM registra claramente en su obra literaria y poética la naturaleza contradictoria de la cultura popular de la época: cuando los nuevos autores acometen el sacrificio ritual del realismo social, y empiezan a cantar pedantemente a Marilyn Monroe, a sus (privilegiados) viajes por Europa, a las referencias barrocas a una cultura de importación, lo cierto es que la cultura de masas está consumiendo enormes cantidades de literatura social: hay gente como Paco Ibáñez musicando "A galopar" de Rafael Alberti, o "La poesía es un arma" de Celaya, hay gente como Raimon llenando estadios. La obra de MVM supone por tanto un registro de todo eso, de una compleja marea de referencias y códigos culturales que evolucionarán lentamente desde la posguerra y eclosionarán durante los años setenta y durante la llamada Transición, para disolverse lamentablemente en la posterior "normalización democrática" y en eso que se llama el Pensamiento Único, que es donde estamos.
PD.: He sucumbido a la tentación, ahí va Raimon, que da gusto oirlo:




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