Acabo de hacerme con el estuche de Godard y el grupo Dziga Vertov. Los cinco DVD recogen una serie de trabajos de índole experimental, muy teórica y sobre todo muy gauchiste (son los filmes de la etapa maoísta de Godard) realizados en el marco de dicho grupo entre 1968 y 1974, si bien el grupo en la práctica no era tal cosa y quienes realmente se lo tomaban en serio eran Godard y Gorin.
El siguiente texto viene en el librito que acompaña el paquete, y forma parte del "Manifiesto" escrito por Godard en julio de 1970 cuando trabajaba en una película encargada por la Liga Árabe en Palestina y que no llegó a puerto.
Es el imperialismo el que nos ha enseñado a considerar las imágenes por sí mismas; el que nos ha hecho creer que una imagen es real. Cuando el simple sentido común nos dice que una imagen no puede ser más que imaginaria, precisamente porque es una imagen. Un reflejo. Como tu reflejo en un espejo. Lo que es real es, en primer lugar, tú y, después, la relación entre este reflejo imaginario y tú. Lo que es real a continuación es la relación que estableces entre tus diferentes reflejos, o tus diferentes fotos. Por ejemplo, te dices: "Soy guapo" o: "Tengo pinta de cansado". Pero al decir eso, ¿qué haces? No haces otra cosa que establecer una relación simple entre varios reflejos. Uno en el que tenías pinta de estar en forma, otro en el que lo estabas menos. Comparas, es decir, relacionas, y entonces puedes llegar a la conclusión: "Tengo pinta de cansado". Hacer políticamente una película es establecer este género de relaciones políticamente, es decir, para resolver un problema políticamente. Es decir, en términos de trabajo y de combate. Y justamente, el imperialismo, al intentar hacernos creer que las imágenes del mundo son reales (cuando son imaginarias), intenta impedirnos hacer lo que hay que hacer: establecer relaciones reales (políticas) entre esas imágenes; establecer una relación real (política) entre una imagen de los Ashbals entrenándose y una imagen de un fedayin atravesando el río. La única realidad revolucionaria es la realidad (política) de esta relación. Política, puesto que plantea la cuestión del poder; y un encadenamiento de imágenes tal y como acabamos de describirlo indica que el poder nace del fusil. El imperialismo bien querría que nos contentáramos con mostrar a un fedayin que atraviesa un río, o a una campesina que aprende a leer, o a los Ashbals entrenándose. El imperialismo no tiene nada en contra de eso. Todos los días hace imágenes como esas (o sus esclavos las hacen para él). Todos los días las difunde a través de la BBC, en Life, L'Expresso, Der Spiegel. (...) El imperialismo nos ha enseñado a no establecer relaciones entre las tres imánes de las que acabamos de hablar, o a hacerlo, si no hay más remedio, pero entonces en un cierto orden, para no alterar sus planes.Por eso mismo, dicho de paso, el cine (militante), imagen en movimiento, se opone a la fotografía. No soy capaz de pensar ahora en ningún fotógrafo gauchiste que haya teorizado sobre el valor revolucionario de su técnica. Seguramente se trata de una limitación mía... pero lo más "politizado" que puedo imaginar en cuanto a la imagen estática, es el cartel. Que no es sino puro agit-prop, en el mejor de los casos. El cartel nunca piensa relaciones. La fotografía tampoco parece hacerlo, dada la limitación que impone la estaticidad. Por eso es el arte inventado por la burguesía en la época de la revolución industrial, y lo utiliza para fotografiar la ciudad o para hacer una ficha policial. Otra cosa es, si se quiere, el álbum. Pero entonces pensamos en términos distintos, y de lo que se trata en muchos casos es de la transposición del lenguaje cinematográfico al cine. Pienso en los álbumes de fotos de Facebook: aquí, normalmente, la gente recoge sus fotografías en álbumes que dan cuenta de un espacio y un lugar determinado. Así, podemos aparecer con nuestros amiguetes enarbolando cubatas en una salida nocturna (o diurna); encadenando la sucesión de fotos del album, lo que hacemos es llenar huecos de una secuencia temporal como si se tratase de una película en la que naturalmente faltan la mayoría de los fotogramas. El opuesto de este modelo, es el album clásico de familia, propio para tiempos donde la fotografía era menos compulsiva (y cinematográfica); en estos álbumes, guardamos fotos nuestras que sí se encuentran descontextualizadas y hacen referencia a distintas edades de un sujeto. El modelo es más bien el del "diario íntimo" que el de la película. Sin embargo, este tipo de fotografías fuera de contexto (estáticas) se oponen al cine como el mosquete al fusil de repetición. Se puede intentar imitar a este segundo con medios anticuados como la fotografía, pero si lo que de verdad se pretende es producir efectos, antes que las centralitas telefónicas la revolución deberá empezar tomando el cine al asalto. Y las fotitos, para ilustrarse cuentos y poco más.





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