Esta semana ha muerto Karlheinz Stockhausen. Casualidad, porque hacía bien poco que lo descubrí. Me hizo gracia, a mí que la música no me agrada demasiado. Tal vez sea precisamente por eso...
Stockhausen hizo unas polémicas declaraciones sobre el atentado del 11 de Septiembre:
Lo que sucedió allí -y ahora todos ustedes tienen que cambiar de chip- es la mayor obra de arte que haya existido jamás. Que unos espíritus hayan conseguido realizar, en un solo acto, algo con lo que ni siquiera podemos soñar en la música; que personas ensayen como locos durante diez años, totalmente fanáticos, para un solo concierto y luego morir... Es la mayor obra de arte que existe en todo el cosmos. Yo no podría. Comparado con esto, los compositores no somos nada.
Si algo intentó Stockhausen, y por ello no pudo dejar de envidiar (terriblemente) la monstruosa figura del terrorista suicida, fue precisamente tocar lo real. Monstruoso o no, más allá de lo tolerable, esto lo pone a otro nivel muy distante de las complacencias musicales, de los romanticismos o de las interpretaciones historicistas de los viejos carcamales del barroco. Su lugar está en la primera línea de fuego. Da igual que no nos guste la música, si lo que ponemos sobre la mesa está más allá de la melodía (y hace tiempo que dejamos de creer en la amable ficción, que en efecto habría solucionado todos nuestros problemas, según la cual habría una música de las esferas celestes). Agradable no es, desde luego.
Aquí tenéis un link a la página oficial, donde podéis escuchar algunos fragmentos de su obra.
Y aquí, el video del célebre Helicopter String Quartet.
Y aquí, el video del célebre Helicopter String Quartet.





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