Hoy voy a hablar de las conferencias. Al hilo de lo que algunos compañeros intentamos organizar, como buenos patriotas (o eso creíamos nosotros: creíamos que participandp de los formalismos del "sistema" no seríamos considerados enemigos suyos; pero nos equivocamos, resulta que el pasotismo y la improductividad, y no la buena voluntad de "estudiar y aprender mucho", son la norma fundamental por la que se sostiene el estado de cosas universitario).
Bien, quería hablar de las conferencias. Empiezo por su planificación. Cuál no ha sido mi sorpresa al descubrir que en la Universidad no se pueden colgar carteles en cualquier sitio. Ni en puertas ni en cristales. Los conserjes, y he oído que algún que otro miembro del cuerpo docente, se ocuparon muy concienzudamente de aplicar esa norma. Espero que les den a todos una medalla, y a ciertos profesores les consigan al fin una plaza de titular. Qué menos, por arrastrarse como viles culebrillas. Confío en que el capital, desprovisto de la vieja grandeza imperial romana, sí que pagará bien a los traidores.
Pues bien, la propaganda se permite únicamente en determinados espacios (los "corchos"). Suele suceder, no obstante, que en esos espacios únicamente puede anunciarse quien disponga de carteles solventes, grandes y como suele decirse, "a todo color". La verdad, no podemos competir con el Festival de Cine Fantástico de Málaga (€, € y más €), ni con los anuncios de agencias que ofertan viajes de estudios a algún paraíso subdesarrollado, ni con publicidad del enésimo encuentro de jóvenes católicos (guitarrita española
incluída, por supuesto -para descripción, ver foto-), posiblemente financiado, como la moral de algunos de nuestros profesores, por las arcas de la Obra (y no hablo del sector de la construcción, precisamente).
incluída, por supuesto -para descripción, ver foto-), posiblemente financiado, como la moral de algunos de nuestros profesores, por las arcas de la Obra (y no hablo del sector de la construcción, precisamente).Pues bien, a esto se unía que nuestros modestos carteles iban desapareciendo progresivamente. Algún patriota debió sentirse tal vez ofendido. O quizás sintieron vergüenza ajena por algo que no iba a cuajar (¡cómo va a cuajar, si nada puede hacerse!); por eso, piadosamente, tal vez decidieron que lo mejor era que nadie fuese a acudir, por equivocación. En eso, ayudaría que firmásemos como "estudiantes de filosofía". Es cosa sabida que la Universidad actual funciona sobre el presupuesto de que nadie tiene realmente ningún interés por lo que se está haciendo, y menos que nadie los estudiantes (¡la p* base!).
En todo caso, creo que hemos descubierto algo: la próxima vez que queramos hablar de algo así como "filosofía marxista", tendremos que camuflarnos. Tal vez un título como "Introducción a la filosofía (guiño) de Carlos & Co. (guiño, guiño)". ¡Es la clandestinidad, señores! No me extraña que las tendencias intelectuales presentes vayan deslizándose poco a poco hacia el barroquismo: por supuesto que está permitido expresarse, por supuesto que no hay ya censura previa; sin embargo, si vas a hablar, atente a las consecuencias. Mejor que únicamente te entienda, quien te quiera entender.
Pues dado que estamos en la clandestinidad, y sometidos al arbitrio de cualquier acción patriótica, tendremos que recurrir al camuflaje apropiado. Menos mal que como siempre, los censores suelen ser unos ignorantes. Y como decía Sartre, l'esprit est à gauche.




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