Leemos en la contraportada:
Este libro describe la genealogía del neoliberalismo como la construcción
de un arma de consenso ideológico y de un instrumental de gestión macroeconómica y de ordenación microeconómica de la empresa y del Estado. Lejos de tratarse de una adaptación natural y de una respuesta técnicamente neutra a las dificultades experimentadas por las economías occidentales y por las estrategias de desarrollo del Sur global tras la crisis de la década de 1970, David Harvey demuestra cómo el neoliberalismo fue una contundente y articulada respuesta política concebida por las clases dominantes globales para disciplinar y restaurar los parámetros de explotación considerados «razonables» tras la onda de luchas que recorrieron el planeta tras la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el análisis efectuado por Harvey, el objetivo del neoliberalismo era modificar el equilibrio político y la relación de fuerzas existente en el conjunto de la economía-mundo capitalista recurriendo para ello a todo el arsenal de la violencia económica, estatal y militar. El anverso y reverso de la estrategia neoliberal está constituido en opinión de Harvey por la profunda convicción de que las relaciones sociales están irremediablemente gobernadas por la violencia de clase y por la certidumbre de que para obtener la victoria en tal entorno complejo las clases y las elites dominantes han de implementar un planteamiento integral que pueda asegurar un impacto suficiente amplio como para modificar drásticamente las relaciones sociales vigentes. La violencia de los mercados debe conjugarse con la violencia política, militar, ideológica y estatal si las transformaciones nacionales y globales han de encontrar una misma unidad de proyecto y de diseño estratégico. Lejos de debilitar el Estado, la estrategia neoliberal supone, pues, una reinvención de su violencia estructural para modificar en beneficio de las clases dominantes los parámetros de convivencia social y de dominación política.
de un arma de consenso ideológico y de un instrumental de gestión macroeconómica y de ordenación microeconómica de la empresa y del Estado. Lejos de tratarse de una adaptación natural y de una respuesta técnicamente neutra a las dificultades experimentadas por las economías occidentales y por las estrategias de desarrollo del Sur global tras la crisis de la década de 1970, David Harvey demuestra cómo el neoliberalismo fue una contundente y articulada respuesta política concebida por las clases dominantes globales para disciplinar y restaurar los parámetros de explotación considerados «razonables» tras la onda de luchas que recorrieron el planeta tras la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el análisis efectuado por Harvey, el objetivo del neoliberalismo era modificar el equilibrio político y la relación de fuerzas existente en el conjunto de la economía-mundo capitalista recurriendo para ello a todo el arsenal de la violencia económica, estatal y militar. El anverso y reverso de la estrategia neoliberal está constituido en opinión de Harvey por la profunda convicción de que las relaciones sociales están irremediablemente gobernadas por la violencia de clase y por la certidumbre de que para obtener la victoria en tal entorno complejo las clases y las elites dominantes han de implementar un planteamiento integral que pueda asegurar un impacto suficiente amplio como para modificar drásticamente las relaciones sociales vigentes. La violencia de los mercados debe conjugarse con la violencia política, militar, ideológica y estatal si las transformaciones nacionales y globales han de encontrar una misma unidad de proyecto y de diseño estratégico. Lejos de debilitar el Estado, la estrategia neoliberal supone, pues, una reinvención de su violencia estructural para modificar en beneficio de las clases dominantes los parámetros de convivencia social y de dominación política. La ideología neoliberal se funda en nociones clave, y en principio tan apetecibles, como las de dignidad y la de libertad individual. Esta ideología, hegemónica hasta la fecha, pretende que las libertades quedarían garantizadas en un modelo económico en el que prime la libertad de mercado.
Lo que con David Harvey llamaríamos el Estado neoliberal (justificado por dicha ideología) se caracteriza porque «las libertades que encarna reflejan los intereses de la propiedad privada, las empresas, las compañías multinacionales y el capital financiero» (p. 14).
Este modelo de Estado es el mismo que los Estados Unidos han impuesto en la reciente invasión de Iraq, pero también es el que se impuso en el Chile de Pinochet, en lo que fue el primer experimento neoliberal. Allí, un grupo de expertos formados en la órbita de los llamados «Chicago boys» y según los planteamientos teóricos de Milton Friedman, se ocuparon de la reforma económica.
Este modelo de Estado es el mismo que los Estados Unidos han impuesto en la reciente invasión de Iraq, pero también es el que se impuso en el Chile de Pinochet, en lo que fue el primer experimento neoliberal. Allí, un grupo de expertos formados en la órbita de los llamados «Chicago boys» y según los planteamientos teóricos de Milton Friedman, se ocuparon de la reforma económica.
Ahora bien, Iraq y Chile resultan casos muy particulares. Las medidas de Margaret Thatcher no fueron resultado de un golpe de Estado ni de una invasión militar estadounidense. Tampoco se forzó a China a seguir este camino. ¿Por qué se produjo, pues, este «giro neoliberal»?
Como es sabido, la economía de la Europa de posguerra se basaba fundamentalmente en «la aceptación de que el Estado debía concentrar su atención en el pleno empleo, en el crecimiento económico y en el bienestar de los ciudadanos, y que el poder estatal debía desplegarse libremente junto a los procesos del mercado –o, si fuera necesario, interviniendo en él e incluso sustituyéndole–, para alcanzar esos objetivos» (p. 17). Esta etapa se caracteriza por el «keynesianismo» y por la pacificación de las contradicciones de clase. Este modelo ha recibido el nombre de «liberalismo embridado». El neoliberalismo pretendería por tanto liberar al capital de todas estas restricciones.
A comienzos de los años 60, empieza a tener lugar una crisis de la acumulación de capital (p. 18), acompañada del aumento del desempleo y de la inflación. Los diversos partidos socialistas y comunistas optan por responder mediante una mayor regulación estatal, acompañada de políticas de austeridad. Por el otro lado, comienza a apuntarse la «solución» neoliberal, sobre todo a partir del experimento efectuado en Chile. Esta práctica encontrará su inspiración teórica en Hayek y en la Mont Pelerin Society, furibundamente opuesta a toda planificación y regulación estatal (keynesiana o, sobre todo, marxista -grrr!-), bien financiada por algunos filántropos estadounidenses, y legitimada por el tan sui generis premio Nobel de economía (creado bajo la influencia de la banca sueca). Sin embargo, aunque importante, la teoría ejercía un papel relativo en la puesta en práctica del proyecto neoliberal.
En 1980 Reagan gana las elecciones, dando continuidad a las políticas de desmantelamiento del New Deal y de lucha contra la inflación. Comienzan entonces los ataques a los sindicatos (que comenzaron con el enfrentamiento con los controladores aéreos), cuyo impacto marcó el progresivo descenso en los salarios.
¿De qué manera fue capaz el neoliberalismo de imponerse como ideología hegemónica? La construcción del consenso neoliberal fue un proceso complejo, que involucraba las influencias de las corporaciones, de los medios de comunicación, y de otras instituciones civiles como universidades o iglesias. El neoliberalismo se fue imponiendo poco a poco en el «sentido común» cotidiano, armado especialmente de un concepto extremadamente abstracto como el de libertad (individual), precisamente tan apetecible en abstracto, e imponiéndose a todos aquellos movimientos que buscaban combatir los efectos perversos que esa noción podía llevar aparejados. Estos movimientos, arruinados en lo político aunque útiles como objeto de consumo, acabaron convirtiéndose en esa vaga masa cultural que ha venido a ser categorizada bajo el rótulo de «postmodernismo».
Me cansé de resumir. En fin, un libro completito y serio. Y muy claro: para todos los públicos (lo dice un filósofo... y un universitario). Para más información, pincha aquí.
Me cansé de resumir. En fin, un libro completito y serio. Y muy claro: para todos los públicos (lo dice un filósofo... y un universitario). Para más información, pincha aquí.




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