jueves, 29 de noviembre de 2007

Estudio leninista

Pido permiso para un breve apunte biográfico (¿un poco "relato de no-ficción", tal vez?).
Entre las páginas de mi ejemplar de ¿Qué hacer?, y antes de ello entre las del libro de E. H. Carr sobre la revolución rusa, guardé bastante tiempo (aún lo conservo) un recorte de periódico con un problema de ajedrez. Antes siquiera de comenzar a leer a Lenin, el título de aquél artículo ya me fascinaba: "estudio leninista". ¿Acaso el ajedrez podía ser leninista? ¿Existía una profundidad política en el mero juego del ajedrez (que yo nunca he sido capaz de dominar)? A primera vista, uno podría pensar que no: que el ajedrecista debía elegir entre permanecer en la diversión de los juegos de mesa o involucrarse en el fragor de la batalla, en los tiroteos, en las luchas de clases.
Sin embargo, algo me tuvo que fascinar personalmente (me sorprendo escribiendo esta palabra, tan dudoso como es el concepto de "persona"), algo tuvo que reclamarme de algún modo para que aquel problema de ajedrez me condujese al estudio de eso que se podría llamar leninismo. Y para que a pesar de todo, yo aún conserve aquél recorte.
Pero tal vez el misterio se resuelva si repito que yo nunca he sido un buen jugador de ajedrez. Si es así, si el ajedrez de hecho me impacienta, ¿qué pude encontrar en ese problema de ajedrez que aún guardo con afecto y que ocasionalmente reproduzco sobre el tablero? Tal vez sea que aquél "estudio leninista" me vino al encuentro al mismo tiempo que una conciencia política, y como una conciencia de la política en tanto que práctica. La verdad, que yo ya estaba encaminado: lo único que hice fue no dejar que me despistasen. Una de las cosas que más me sorprendió cuando llegué a la Universidad, es el modo en que el profesorado solía despreciar a figuras que yo, aunque no había aún comprendido, siempre había respetado por su empuje "progresista" (permítaseme esta palabreja tan cuestionable), por haber participado en luchas sin las cuales, yo al menos no estaría donde estoy. La "crítica teórica" a Marx, nunca fue neutral.
Pues como decía, lo fascinante es que el ajedrez conlleva una puesta en práctica, exactamente del mismo modo que la política.
Por otro lado, hay algo magnífico en el ajedrez, y es el concepto de posición. Ese absurdo tablero no marca sino el contexto (como tal, abstracto) de una infinitud potencial de posiciones. Una partida de ajedrez no es otra cosa que una sucesión de posiciones. Como la vida misma (si me permitís la frase hecha). No somos sino el conjunto de nuestras posiciones tomadas.
Y así es, en efecto: somos lo que hacemos, y si no ponemos en práctica nuestra posición disidente (por muy modestamente que lo hagamos), estamos sirviendo al estado de cosas establecido. Cuando se realizan encuestas entre universitarios, y el resultado que dan es que dos tercios de ellos se definen como gente "de izquierdas"… uno no puede sino soltar la carcajada. Si realmente los estudiantes fuesen de izquierdas, la Universidad burguesa, reaccionaria y meritocrática, se encontraría en pie de guerra.
Precisamente porque somos lo que hacemos, cuando forzamos la situación hacia la práctica es cuando podemos ver los límites de las posiciones de quienes nos rodean. A veces nos llevamos sorpresas. Las agradables, suelen compensar las desagradables.

3 comentarios:

Gracchus Babeuf dijo...

Las sorpresas agradables son tan escasas...Y no te digo en la universidad, que afortunadamente la tengo ya olvidada, sino en la vida laboral.

Luis dijo...

Efectivamente, pero las sorpresas agradables (pocas) son la única alegría verdadera.

Luis dijo...

Intento levantar un poco los ánimos, porque me he dado cuenta de que el discurso hegemónico, por ejemplo de la Universidad, no es creerse que constituye una institución muy respetable que forma profesionales y que educa a la gente, etc. etc... Al contrario, el discurso hegemónico al menos en mi entorno es que todo se hunde. Y ese discurso es, hoy por hoy, mucho más fuerte a la hora de sostener la inmovilidad del statu quo. Frente a eso, la "insensatez" de creer posible la alternativa es la única respuesta que nos queda. Y en todo caso, no quedarnos quietos. Practicar.