jueves, 15 de noviembre de 2007

El país de las oportunidades

Oportunidad, seguridad. Formas de trascendentalismo: en el futuro, todo irá bien, todo debe ir bien. Da igual que en el presente, que en cada instante que podamos llamar presente, todo vaya mal.
Lo importante no es que en efecto, el mundo hoy sea ya bastante seguro (¿qué probabilidades reales hay de morir en un atentado terrorista, o en un tiroteo, o en una pelea callejera?). Lo importante es que aunque así sea, la obsesión por la seguridad significa la fantasía de poder regular cualquier eventualidad. Lo que perdemos con la seguridad, es obviamente la posibilidad de ser libres: en la medida en que todo acto de libertad tiene que ver con un acontecimiento que se sustrae al orden determinado de las cosas. Regular para que nada “malo” acontezca, significa regular para que nada acontezca… y por tanto, para impedir todo acto de liberación.
¿No sucede lo mismo con la oportunidad, la otra cara de la seguridad? Oportunidad significa, como se dice hoy en el mundo del trabajo, flexibilidad. Flexibilidad significa poder trabajar en cualquier cosa, en cualquier momento. Nada de especialización: no necesitamos especialistas, necesitamos que cualquier puesto de trabajo pueda ser ocupado por cualquiera. ¿Por qué la flexibilidad es tan peligrosa? Por la misma razón que la seguridad: al intentar maximizar nuestras opciones de futuro, olvidamos nuestras condiciones reales de existencia. Asimismo, flexibilidad (como cualidad de la fuerza de trabajo que se somete al imperio de las “oportunidades”) significa abolir la libertad: todo acto de liberación conlleva implicarse, conlleva tomar una posición determinada, y precisamente por eso conlleva marcarse. Un militante es alguien marcado. Pero alguien marcado, ha perdido infinitas posibilidades para poder aprovechar, en el futuro, una “oportunidad”.
El problema, por tanto, es más profundo que el de oponer la condición real "presente" a las infinitas promesas capitalistas, jamás realizadas, de seguridad y oportunidad. El problema es que todo proyecto de futuro (y toda tendencia es un proyecto de futuro, más real que una situación coyuntural), se caracteriza fundamentalmente por no poder nunca restringirse a ninguno de los dos términos. Toda tendencia de futuro se concibe, para observadores y actores, en términos de incertidumbre. Esta incertidumbre, que hace imposible que la historia se detenga jamás (como querrían los adalides de la seguridad y de la "igualdad de oportunidades"), es sin embargo el principio con el que debe contar cualquier proyecto de liberación.

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