Creo que «los políticos» hablan demasiado, y se los tiene demasiado en cuenta hoy día. Me refiero a los políticos profesionales, a sus charlas parlamentarias y sus riñas de pasillo. Los medios de comunicación han hecho mucho por poner a este tipo de políticos en el centro de todas las miradas. Por eso el discurso habitual en contra de «los políticos» no es otro que el discurso de los medios que se encargan de poner a esos mismos políticos bajo la lupa de aumento que enfoca directamente sus miserias. El dictum cotidiano sobre nuestros incompetentes políticos, es el que hace posible que esos políticos sigan ahí, en su sitio. ¿Qué pretenden los «cínicos», los que acostumbran a despreciar a la llamada «clase política»? ¿Acaso alguna vez hubieron buenos «políticos», acaso los parlamentos han sido en algún tiempo más que una jaula de cotorras que charlaban de cara a la galería, para arreglar los asuntos serios en los despachos de los poderosos? Poca culpa tienen estos políticos, de encontrarse bajo los focos del espectáculo mediático. ¿Hubieron alguna vez «políticos» mejores que los que hay ahora?
Hubieron otras cosas, ciertamente. Hubieron políticos fuera de los parlamentos. Hubieron políticos en las calles, en los puestos de trabajo, en los sindicatos de clase; en los partidos y organizaciones extraparlamentarios, en la clandestinidad (cuando la hubo). Paradójicamente, la crítica de «los políticos» que hacen los medios de comunicación, es lo que consigue perpetuarlos en su sitio. Es la crítica que hace imposible ver la política fuera de eso que hacen «los políticos». Por eso hablar mal de «los políticos» es profundamente reaccionario (tanto como declararse, consecuentemente con la propaganda mediática, «apolítico»). Lo único sensato frente a todo esto, es mantener cierto distanciamiento crítico: frente a lo que hacen «los políticos», dedicarnos a la política.
Hubieron otras cosas, ciertamente. Hubieron políticos fuera de los parlamentos. Hubieron políticos en las calles, en los puestos de trabajo, en los sindicatos de clase; en los partidos y organizaciones extraparlamentarios, en la clandestinidad (cuando la hubo). Paradójicamente, la crítica de «los políticos» que hacen los medios de comunicación, es lo que consigue perpetuarlos en su sitio. Es la crítica que hace imposible ver la política fuera de eso que hacen «los políticos». Por eso hablar mal de «los políticos» es profundamente reaccionario (tanto como declararse, consecuentemente con la propaganda mediática, «apolítico»). Lo único sensato frente a todo esto, es mantener cierto distanciamiento crítico: frente a lo que hacen «los políticos», dedicarnos a la política.
Creo que el universo de los medios de comunicación resulta excelente cuando de no comunicar nada se trata. Creo que a veces es preciso no leer según que cosas. A veces hay que apagar las tertulias televisivas, y asomarse (bien armados) a respirar los ritmos de la calle. Son muy divertidos todos aquellos ciudadanos responsables que leen los periódicos a diario, y especialmente cuando dicen leer varios, «para contrastar».





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